sexta-feira, julho 16, 2010

Cuando los españoles sueñan con la música



La mítica canción de Pablo Guerrero en el concierto del Alcala en 1977 junto a Nacho Sáez de Tejada, Juan Alberto Arteche y Miguel Angel Chastang. (uma das canções da época da Transição Democrática)


Reproduzo esta matéria com uma dor no coração.
Ano passado quando vivi em Granada (ES) os efeitos mais nefastos da "crisis" não haviam chegado. Entorpecidos pelo "ouro de tolo" dos empréstimos bancários que permitiram uma ascensão social rápida, mas com renda insuficiente para suportar o consumo desenfreado, alguns espanhóis ainda acreditavam que estavam a salvo do empobrecimento anunciado como consequência da quebra dos bancos e seguradoras (?) que sustentavam a bolha imobiliária americana.
A sociedade civil española, pluricultural diga-se de passagem, conseguiu construir um Estado de Bem Estar Social depois de 40 anos da ditadura franquista - responsável não  só por mais de 300.000 mortes de cidadãos, mas também por mergulhar aquele país que em 1936 ainda era um jovem República na mais profunda miséira econômica, política, social e moral.
A democratização ocorrida depois de 1976 e a eleição do Partido Socialista Obrero Español como maioria parlamentar por quatro governos sucessivos fez com que a transformação social, politica e econômica desejada pelos espanholes se concretizasse.
A opção política pelo Partido Popular, impulsionada pela exploração midiática de casos de corrupção no governo Felipe González, igonorou a política e privilegiou a moral. Os arranjos neoliberais infiltraram-se na música social democrata disfarçadamente.
A máscara dos arautos da moralidade caiu, como sói acontecer com quem nunca possuiu mas sempre a vociferou, com o atentado de 11 de março de 2003. A mentira, que tem perna curta, marcou o fim do mentiroso Aznar.
Contudo, a contagem regressiva do relógio já havia sido acionada. O modelo econômico era insustentàvel. A demora nos ajustes e a simpatia pelo "milagre econômico" europeu arrastaram os mais de quarenta milhões de espanhós para um concerto ao vivo no qual não se ouve nenhuma música.
Nutrem-se deste sonho: de poder ouvir novamente as músicas de seus sonhos




Una pensión de viudedad para tres 
"La crisis nos ha puesto en una situación límite" 

María José Arévalo y su hermano Francisco están desempleados.- Les mantiene su madre con una pensión de 597 euros.- Residen en Cádiz, la provincia con la mayor tasa de paro de España: un 31,9%



CARMEN PÉREZ-LANZAC  -  El Puerto de Santa María 

ELPAIS.com  -  Sociedad - 16-07-2010
En el congelador de la familia Arévalo Gutiérrez hay una figurita de San Pancracio. Ahí seguirá, como manda la tradición, pues no concede lo que le piden: un trabajo. Estamos en el Puerto de Santa María, en Cádiz, la provincia con la mayor tasa de paro de España: un 31,9%. De cada tres personas, una no encuentra empleo.
En este piso pequeño y modesto residen Teresa, de 84 años y sus dos hijos: Francisco, de 50, y María José, de 43, que se mudó a la casa familiar hace dos meses, cuando agotó la ayuda extraordinaria de 426 euros. También ha agotado el subsidio de desempleo. No tiene hijos, ni alcanza los 45 años, por lo que no hay más ayudas para esta diplomada en Turismo que habla fluidamente alemán e inglés. Su hermano sí percibe una ayuda de 420 euros para parados de larga duración que dura tres años, a razón de uno sí, otro no. Y este año toca no.
La familia Arévalo Gutiérrez vive en estos momentos de la pensión de viudedad de Teresa, que es de 597 euros. 146,95 corresponden al tiempo en que su marido cotizó en España. El resto, 450,25, proceden de Alemania, a donde ambos emigraron en 1962. "¡No teníamos para comer!". Su marido trabajó 27 años en unos hornos de fundición. "Teníamos visitas alemanas y todo", puntualiza Teresa. Cuando su marido se jubiló, la familia regresó a España.
218 euros de alquiler
El encuentro tiene lugar en el salón, refrescado por un viejo ventilador. Sobre la mesa, en una carpeta, están todos sus recibos de gastos. El alquiler del piso les cuesta 218 euros. El último recibo del agua (por dos meses de consumo) fue de 47,96. La luz les costó 36 euros. Además, Teresa paga puntualmente 35,04 euros a Ocaso, lo que sufragará su entierro cuando fallezca. También hay que alimentar a un perro y a dos periquitos (uno trepa al dedo de Francisco, el otro le lanza besos). "Me quedan 200 euros para el butano y lo demás", dice Teresa, que es quien lleva las cuentas, porque cierto que ha perdido oído, pero la cabeza, aclara, está en su sitio. ¿Y cómo llega a todo? "Haciendo malabares", sonríe.
De una pared cuelga el título de diplomada de María José, que lleva un año echando currículos a diestro y siniestro. En su sector, pero también en Ikea, en Bricor y donde surja. Nadie la llama y está enfadada. Ha escrito a periódicos contando su caso, quiere hacerse oír. María José empezó a trabajar a los 18 años. Ha sido responsable de relaciones públicas de hoteles, recepcionista, profesora de Turismo y guía turística por toda la provincia. Además, se ha especializado en turismo enológico. "En 23 años siempre he tenido trabajo. Estacional, pero constante", dice María José, que se siente estafada por unos políticos "que no hacen su trabajo y politizan todo. El turismo no se cuida, explotan la zona, la saturan y tiran los precios por los suelos. El extranjero lo que busca es la idiosincrasia del lugar. Con el 'todo incluido' se lo cargan todo".
Echando currículos desde las siete
Hace dos meses, María José decidió volver a vivir con su madre y hermano. Sigue un horario germánico: se despierta a las siete y se pone a buscar empleo. "Lo que me queda ya es mentir en el currículo, pues me ven con tanto título que pensarán 'esta me va a revolucionar la empresa", dice. "Soy demasiado mayor y estoy demasiado formada". A pesar de todo, María José ha optado por seguir formándose. Está haciendo el doctorado para lo que ha tenido que echar mano de su plan de pensiones. Su hermano no está muy seguro de que le vaya a servir de algo. "¿Para qué, si luego no la llaman?", dice Francisco, que ha sido transportista, obrero y jardinero y lleva dos años completamente parado. "¿Quién me va a colocar a mí, con la edad que tengo?", se pregunta. "Y luego dicen que el que quiere trabajar, trabaja. ¿Adónde, hijo? Y encima ahora sube todo", protesta, a lo que su madre, con la que ambos hermanos se llevan estupendamente, salta: "Ojú. ¡Es que están locos!".
"Nos han puesto en una situación límite para sobrevivir", dice María José . "Y en vez de ayudar a los pobres ayudan a los bancos", continúa Francisco. "Y lo que más rabia me da es que nadie protesta. Todos callaos". "¿Cómo se va a plantar el invierno si ya el verano esta así?", se pregunta su hermana. "Pues así estamos media España", interviene Teresa. Que con toda naturalidad añade: "A mí lo que me da cosa es morirme". Y lo terrible es que no lo dice por la muerte en sí. Si no porque cuando ella falte también lo harán los 597 euros que, de momento, mantienen a sus hijos.

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